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LA IGLESIA

febrero 2017

 (Caminos que la Iglesia debe recorrer para cumplir su misión)  

Podemos comenzar nuestra reflexión subrayando la importancia que tiene la Iglesia para la salvación de toda la comunidad humana, y el deseo ardiente de la Iglesia de que ambas se encuentren, se conozcan y se amen.

  1. Primera tarea permanente de la Iglesia: conocerse a sí misma a la luz del misterio de Cristo, la Palabra de Dios y la historia de la Salvación.

La Iglesia tiene necesidad de reflexionar sobre sí misma, tiene necesidad de sentirse vivir. Debe acostumbrarse a conocerse mejor si quiere vivir plenamente la propia vocación y ofrecer al mundo su mensaje de fraternidad y de salvación. La Iglesia tiene que conocer y vivir plenamente la verdad que se le ha confiado, es decir, el Evangelio de Jesús, así como la misión que debe cumplir en este mundo. La Iglesia está inmersa en la humanidad, forma parte de ella y comparte sus éxitos y sus fracasos, sus alegrías y sus penas, y sus esfuerzos por crear un mundo mejor.

El mundo actual se caracteriza, entre otras muchas cosas, por los cambios profundos y vertiginosos en el orden social, psicológico, moral y religioso. También se caracteriza la sociedad de hoy por los grandes desequilibrios, sin olvidar que quizás nunca como hoy, a pesar de las evidentes paradojas, existe una conciencia universal tan grande sobre la dignidad del ser humano, sus derechos fundamentales y sus legítimas aspiraciones.

Descubrir nuestra relación vital con Cristo será el fruto principal de esta conciencia profundizada de la Iglesia. Es necesario acostumbrarnos a reconocer en la Iglesia al propio Cristo. En realidad es Cristo el corazón de la Iglesia, quien por medio de ella enseña, gobierna y comunica la santidad; es Cristo el que se manifiesta en múltiples formas a través de sus miembros, como nos recuerda la imagen del cuerpo místico de Cristo, de la primera carta de Pablo a los Corintios: “Porque del mismo modo que el cuerpo es uno, aunque tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, no obstante su pluralidad, no forman más que un solo cuerpo, así también Cristo”.

  1. Segunda tarea permanente en la Iglesia: aceptar vivir en estado de permanente conversión y renovación.

            La Iglesia debe tender a la perfección en su existencia terrestre. El ansia de conocer los caminos del Señor debe ser constante en la Iglesia. Debe también tener siempre primacía la espiritualidad; una espiritualidad auténticamente evangélica, que siga fielmente la acción permanente del Espíritu en la vida y misión de la Iglesia como en la vida y testimonio de los creyentes.  El término adecuado de esta renovación o puesta al día de la Iglesia fue acuñado por el Papa San Juan XXIII con la palabra aggiornamento.

Dos indicaciones orientadoras claves para el acierto en esta renovación, conversión permanente o puesta al día de la Iglesia:

Primera: el espíritu de pobreza. Hay que educar al cristiano en este espíritu. La Iglesia debe apoyarse más en los medios espirituales que en los medios materiales. Este espíritu de pobreza no impide la comprensión y la utilización de los bienes y medios que aporta el moderno desarrollo económico. Al contrario, es el que permite al cristiano valorar con acierto y emplear con sabiduría los medios temporales, en armonía con las enseñanzas sociales de la Iglesia.

Segunda: el espíritu de caridad. Debe ocupar el puesto que le corresponde, el más alto, en la escala de los valores religiosos y morales, tanto teórica como prácticamente.

  1. Tercera tarea permanente de la Iglesia: dialogar sinceramente con el mundo moderno y con las personas de nuestro tiempo.

            La Iglesia se distingue profundamente del ambiente humano en el que ella vive. El Evangelio no cede a la tentación del optimismo ingenuo ni a la acechanza del  pesimismo desesperado. El cristiano tiene que tener siempre muy presente su propia identidad y su forma original de vida a la que pertenece en virtud del bautismo, así como su llamada a la santidad y la acción constante del Espíritu sobre él.

La Iglesia tiene que dialogar con el mundo en el que ella vive. La Iglesia debe hacerse palabra inteligible para todos, debe hacerse mensaje, debe hacerse coloquio, debe hacerse diálogo. ¿Qué significa su misión sino hacerse diálogo permanente entre Dios y el hombre, para que todo ser humano se encuentre personalmente con Jesucristo y experimente la alegría de la misericordia y de la salvación?

La historia de la salvación narra precisamente este largo y variado diálogo, que parte de Dios y entabla con el hombre una conversación múltiple y admirable, jamás interrumpida. El diálogo de la salvación está dirigido a todos. Todos están invitados a participar en este diálogo, sin discriminación alguna. El diálogo de la Iglesia debe ser universal, capaz de establecerse con cada uno, salvo que el hombre absolutamente lo rechace o insinceramente finja aceptarlo. Este diálogo de la Iglesia tiene que ser sincero, abierto, constante, inteligible, guiado siempre por la caridad e iniciado por voluntad propia antes que por iniciativa de aquellos a los que va dirigido.

La relación de la Iglesia con el mundo, sin excluir otras formas legítimas, puede configurarse mejor como un diálogo. Es necesario adecuar la misión de la Iglesia a la vida de los hombres en el tiempo actual. No se salva al mundo desde fuera. Hay que entrar en él. El mejor clima del diálogo cristiano es la amistad y sobre todo, el servicio.

Preguntas para la reflexión personal y el diálogo del grupo

  1. ¿Con que actitudes deben afrontar la Iglesia y los cristianos estás tareas tan importantes para realizar fielmente su misión?
  2. ¿A qué grupos debería dirigirse hoy la Iglesia preferentemente y por qué razones?

LA IGLESIA

enero 2017

 LA IGLESIA COMO SACRAMENTO DEL ESPÍRITU SANTO

Durante los próximos meses de este año (2017), nuestro tema de formación para los grupos va a ser sobre la Iglesia, la familia de los creyentes en Jesucristo, a la que están convocadas todas las personas del mundo, todas las familias y todos los pueblos, para formar parte de ella, integrándose plenamente en su vida y en su misión. Así lo afirma la constitución dogmática sobre la Iglesia del Concilio Vaticano II y tantos pasajes de la Sagrada Escritura. “Todos los hombres son llamados a formar parte del Pueblo de Dios. Por lo cual este pueblo, siendo uno y único, ha de abarcar el mundo entero y todos los tiempos, para cumplir los designios de la voluntad de Dios, que creó en el principio una sola naturaleza humana, y determinó reunir en un solo pueblo a todos sus hijos que estaban dispersos”.

En esa misma Constitución del Concilio encontramos algo así como una descripción muy breve y muy precisa de lo que es la identidad y la misión propias de la Iglesia: “La Iglesia es en Cristo como un sacramento o señal e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano.”

  1. La Iglesia misterio de comunión y de vida de toda la humanidad en Cristo

La Iglesia, por tanto, confiesa que en ella y por ella sigue actuando el Espíritu de Jesucristo en la historia. Cree que ella es el lugar, e incluso el sacramento, es decir, el signo y el instrumento de la acción del Espíritu Santo.

Hay que insistir mucho en esta primera afirmación. La Iglesia debe ser consciente de su dependencia absoluta y total de Jesucristo, de su necesidad de estar unida íntimamente a Él como afirma repetidas veces el evangelio de Juan en la hermosa alegoría de la vid y los sarmientos: “Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. Lo mismo que el sarmiento  no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí

Otros acontecimientos que nos refieren el evangelio de Juan y el libro de los Hechos de los Apóstoles son la venida del Espíritu Santo sobre la comunidad de los discípulos y el envío a misión. El evangelio de Juan habla con mucha familiaridad sobre  el Espíritu Santo. Jesucristo, durante su vida mortal, es portador del Espíritu Santo; una vez resucitado, es también dador del Espíritu Santo como lo confirma la escena de la primera aparición del Resucitado a sus discípulos el mismo día de la Resurrección. Después de saludarles dos veces con la paz y mostrarles las manos y el costado, Jesús les dijo: “Como el Padre me envió, también yo os envío. Dicho esto sopló sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo.”

  1. La muerte y la resurrección de Cristo verdadero fundamento de la Iglesia

El verdadero fundamento de la Iglesia es la cruz y la resurrección de Jesucristo. Las palabras de la consagración de la Eucaristía hablan de la sangre de la Nueva Alianza y del Nuevo Pueblo de Dios. Y la sangre y el agua que manan del costado abierto de Jesús crucificado simbolizan, según las interpretaciones de los Padres de la Iglesia, los dos sacramentos fundamentales de la Iglesia; el bautismo y la eucaristía.

La cruz no puede separarse de la resurrección y de su significado como fundamento de la Iglesia. Gracias a los acontecimientos de la Pascua se reunieron de nuevo los discípulos dispersos; al mismo tiempo, los testigos de la Pascua recibieron la misión de enseñar a todas las gentes y hacer de ellas discípulos de Jesús, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.  Finalmente la fundación de la Iglesia se consuma con el envío del Espíritu Santo el día de Pentecostés. La Iglesia se presenta públicamente como el nuevo Pueblo de Dios entre todos los pueblos de la tierra. El Espíritu Santo es, sin duda, el principio vital de la Iglesia.

  1. La Santísima Trinidad y la Iglesia

De todo lo dicho se sigue que la Iglesia, ciertamente, no fue fundada o instituida por unas palabras concretas o por un acto especial de Jesús. La Iglesia halla su fundamento en el conjunto de la historia de Dios con los hombres; nace de la dinámica global de toda la historia de la salvación.  Puede hablarse, por tanto, de una fundación gradual de la Iglesia, de distintas etapas: prefigurada desde el principio del mundo, preparada por la historia del pueblo de la antigua Alianza, es decir, el pueblo de Israel, instituida por las obras del Jesús histórico, realizada por la cruz y la resurrección de Jesús y revelada por el envío del Espíritu Santo. Pentecostés, por consiguiente, es el acontecimiento que consuma finalmente la fundación de la Iglesia.

4, La Misión de la Iglesia

Como ya se ha dicho al principio: la Iglesia es en Cristo como un sacramento, signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano. La misión principal de la Iglesia, por consiguiente, se concreta y se realiza en la evangelización, es decir, anunciar a Jesucristo, la santificación a través de los sacramentos, principalmente la Eucaristía, fuente y cima de toda perfección cristiana, y el servicio de la caridad.

Algunas preguntas para la reflexión personal y el diálogo de los grupos.

  1. ¿Qué papel atribuyes a cada una de las personas de la Santísima Trinidad en la fundación de la Iglesia?
  2. ¿Qué acciones concretas están llamados a realizar principalmente los laicos en la Iglesia y en el mundo con relación a la evangelización y al servicio de la caridad y de la justicia?

MARZO 2015

APROXIMACIÓN ELEMENTAL
A LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

FICHA 3ª: LA HUELLA DE LAS PRIMERAS COMUNIDADES CRISTIANAS Y LA RADICALIDAD DE LOS SANTOS PADRES

INTRODUCCIÓN

La comunidad de los seguidores de Jesús entiende y vive, desde el primer momento, su compromiso ante los problemas sociales, de manera singular con los pobres y los necesitados. Las primeras comunidades cristianas están formadas por personas de vida sencilla, cuyo distintivo de su valor e importancia no es lo que tienen (Hch 3, 1-9), sino Cristo resucitado. En nombre de Cristo dan la mano al que está caído en la acera del camino, aman al pueblo que no descubre su futuro común de felicidad.

1) LAS PRIMERAS COMUNIDADES SON COHERENTES EN SUS PRINCIPIOS, ACTITUDES, VALORES Y  ACCIONES:

a) Suprimen las barreras entre hermanos y cultivan el desprendimiento de los bienes materiales (Hch 2, 44; 4, 32). Tienen una especial sensibilidad y preocupación por los pobres, porque a los pobres se les ama con obras y no de boca y con buenas intenciones (Hch 2, 45; 1 Jn 3, 17-18).
b) Se responsabilizan y se organizan para la distribución y utilización solidaria de los bienes (Hch 4, 34-35). Se castigan las conductas de aquellos que intentan engañar y aparentar que dan a los demás, cuando en realidad están acumulando insolidariamente (Hch 5, 1-4).
c) Se movilizan en situaciones de primera necesidad para mandar ayuda a los que están atrapados en alguna calamidad (Hch 11, 27-30; 2 Cor 8, 1-15). Eligen a algunos bien preparados y llenos del espíritu del evangelio para administrar el dinero, no con mentalidad mercantil y comercial, sino para socorrer a los desatendidos (Hch 6, 1-10).
d) En una sociedad clasista, no hacen distinciones entre las personas: los pobres en dinero e influencias son más ricos en humanismo que los opulentos, que se burlan del pobre, el extranjero, etc. (Sant 2, 1-13).
e) Rechazan la obtención de ganancias a cualquier precio, vivir dominados por los proyectos de ganar más y comprar más cosas (Sant 4, 13-17). Denuncian las riquezas acumuladas a costa del salario no pagado; denuncian también la vida de lujo y despilfarro ante las quejas de los trabajadores explotados y la muerte de los indefensos (Sant 5, 1-6).
f) Se preocupan por cambiar las estructuras de la sociedad y reformar las relaciones sociales, para que todos vivan como hombres libres (Carta a los Gálatas). Comprenden que no basta con tener una buena organización, medios económicos, expertos en realidades sociales, etc.: si les faltaba el amor, les sobraba todo lo demás (1 Cor 13, 1-13).

2) LA RADICALIDAD DE LOS SANTOS PADRES

Los Santos Padres, que fueron los primeros teólogos y obispos de la Iglesia, han vivido y hablado pegados al Evangelio de Jesús, al testimonio de los apóstoles y al genuino sabor de lo original. En cartas, sermones, himnos, etc., nos prepararon un rico patrimonio de principios y criterios para unir la Fe con el servicio a los pobres.

a) El amor al necesitado, al pobre, es preferente a todo lo demás, incluso a la religión de cultos y templos vistosos. “No rechazarás al necesitado, sino que comunicarás con tu hermano” (Didajé IV, 8). “¿Qué sentido tiene que las paredes de nuestros templos estén cubiertas de perlas, mientras Cristo muere de hambre en el pobre?” (San Jerónimo, s. IV).
b) Los bienes pertenecen también preferentemente a los que no los tienen; el que posee bienes es sólo su administrador. “El pan que tú retienes pertenece a los hambrientos; el manto que tú guardas en tus armarios pertenece al que va desnudo; el calzado que se pudre en tu casa es del que anda descalzo. En resumen, eres injusto con aquellos a quienes pudiendo socorrer, no socorres” (San Basilio, s. IV).
c) Porque todos los bienes son creación y donación de Dios para disfrute de todos los hombres. En esto consiste practicar la justicia. “El que no comparte sus bienes con los pobres comete un robo contra ellos y atenta contra su propia vida” (San Juan Crisóstomo, s. IV). “El Señor Dios quiso que esta tierra fuera poseída en comunidad por todos los hombres, ofreciendo sus productos para el bien de todos, pero es la avaricia la que reparte el derecho de propiedad” (San Ambrosio, s. IV). “No le das al pobre de lo tuyo, sino que le devuelves lo suyo. Pues lo que es común y ha sido dado para el uso de todos, lo usurpas tú solo” (San Ambrosio).
d) La propiedad y la apropiación de los bienes sin solidaridad es fuente de desigualdades y desórdenes sociales, de injusticia y explotación de los pobres, de las gentes sencillas y trabajadoras. “El pobre desnudo gime ante tu puerta, y ni le miras siquiera… Te gozas en los adornos preciosos, mientras otros no tienen qué comer… El pueblo tiene hambre y tú cierras los graneros” (San Ambrosio).
e) Vivir en comunión y comunicación de bienes marca el estilo de vida y de relaciones sociales de los seguidores de Jesús; de tal modo que se equilibren y nivelen las desigualdades entre pobres y ricos en el desarrollo de la vida social. “Dios creó el género humano para la comunión y comunicación de unos con otros, como Él que empezó por repartir de lo suyo, y a todos los hombres suministró su Logos común, y todo lo hizo por todos. Luego, todo es común, y no pretendan los ricos tener más que los demás” (San Clemente de Alejandría, s. III).
f) La práctica de la denuncia marca también el compromiso de los responsables de la Iglesia de los primeros siglos. Como tónica general, toman partido en favor de los débiles. La denuncia de las injusticias establecidas y amparadas a la sombra de las instituciones; la denuncia de la corrupción administrativa y de las fortunas que crecían al amparo de los cargos públicos; la denuncia de las desigualdades escandalosas entre un pequeño número de acaparadores y una masa ingente de pobres (San Juan Crisóstomo).

3) ALGUNAS CUESTIONES PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL Y GRUPAL

a) Escoge dos principios o actitudes de las primeras comunidades cristianas que sean más urgentes y necesarios hoy. ¿Por qué?
b) ¿Qué te llama más la atención del estilo de vida de las primeras comunidades cristianas?
c) ¿Qué te llama más la atención de la doctrina de los Santos Padres?


FEBRERO 2015

APROXIMACIÓN ELEMENTAL
A LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

FICHA 2ª: LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA NACE DEL ENCUENTRO DE LA PALABRA DE DIOS CON LOS POBRES

INTRODUCCIÓN

El objetivo de este capítulo es descubrir la DSI como algo propio de nuestra Fe, que se aprende en la misma Historia de la Salvación: en la interacción de la Palabra de Dios con la realidad humana y la respuesta de los hombres y mujeres cristianos. Como dice el nº 72 del Documento “Instrucción sobre libertad cristiana y liberación”, de la Congregación para la Doctrina de la Fe, “La enseñanza social de la Iglesia nació del encuentro del mensaje evangélico y de sus exigencias -comprendidas en el mandamiento supremo del amor a Dios y al prójimo y en la justicia- con los problemas que surgen en la vida de la sociedad”.

1) LA PALABRA DE DIOS NOS URGE A ESTAR CON LOS POBRES

El compromiso social de los cristianos no es una novedad del último siglo. Lo heredamos de la larga experiencia del Pueblo de Dios a lo largo de la Historia. El Antiguo Testamento nos narra la historia de la salvación y de la liberación de un pueblo por parte de Dios:

a) Un pueblo de trabajadores emigrantes humillados recupera su dignidad. El Pueblo de la Biblia sufre la opresión en Egipto. La historia de este Pueblo está ligada a la fe en el Dios que siente la aflicción de estos hombres y camina con ellos hacia una patria de libertad y de vida en la cual no vuelvan a ser esclavos. “Yo, Yahvé, soy tu Dios, que te he sacado del país de Egipto, de la casa de servidumbre” (Ex 20, 2). Por eso, el pueblo siempre recordará: “Dios escuchó nuestra voz, vio nuestra miseria, nuestras penalidades y nuestra opresión, y nos sacó de Egipto… Nos trajo aquí y nos dio esta tierra, tierra que mana leche y miel” (Dt 26, 7-9).
b) Este Pueblo vive la experiencia de una sociedad solidaria de iguales. Todos tenían sus vidas unidas a un destino común: buscar y construir una sociedad libre de humillaciones y de opresores, de miseria y sufrimiento. Una nueva manera de ser pueblo.
c) Un pueblo que comparte y no acumula bienes superfluos. El maná recogido en exceso “se llenó de gusanos y se pudrió” (Ex 16, 16-20). Y “si prestas dinero a uno de mi pueblo, al pobre que habita contigo, no serás con él usurero, no le exigirás interés” (Ex 22, 24).
d) Un pueblo que vive la religión al servicio de la vida, de la dignidad del trabajador, de la familia y los derechos fundamentales: “No habrá en tu tierra mujer que aborte…” (Ex 23, 26). “No explotarás al jornalero humilde y pobre… Le darás cada día su salario… No torcerás el derecho del extranjero…” (Dt 25, 14-18). “No ofenderás a los pobres: los emigrantes, los extranjeros, los huérfanos y las viudas” (Ex 22, 20-23). “Los pobres tienen derecho a coger los alimentos que necesiten para matar el hambre” (Dt 23, 25).
e) Un pueblo que cuenta con líderes (los Profetas) que no se cansan de proclamar las preferencias de Dios por los pobres y la práctica de la justicia. Los Profetas repiten sin cesar: “Practicad el derecho y la justicia, librad al oprimido de manos del opresor, y al forastero, al huérfano y a la viuda no atropelléis” (Jr 22, 3). “Aprended a hacer el bien, buscad lo justo, dad sus derechos al oprimido, haced justicia al huérfano, abogad por la viuda” (Is 1, 17). Los Profetas son líderes carismáticos que mantienen en el pueblo la conciencia de la dignidad del trabajo, la persona humana creada por Dios y llamada a vivir con todos una vocación de esperanza, amor y prosperidad.

2) SEGUIR EL MENSAJE DE JESÚS DE NAZARET NOS LLEVA AL ENCUENTRO DEL NECESITADO

a) Jesús anuncia y practica en plenitud y con la entrega de la propia vida, el amor a los pobres y el compromiso con los problemas sociales. Jesús se presenta en medio del pueblo: “Para anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, he sido enviado” (Lc 4, 43). “Para abrir los ojos a los ciegos, liberar a los oprimidos y decir a los pobres que Dios les ama” (Lc 4, 16-19). Para estar con los marginados: los niños (Mc 10, 13-16); las prostitutas (Lc 7, 37-38); los extranjeros y los de otra cultura (Lc 10, 30-37); los pecadores públicos (Lc 19, 1-10); los enfermos (Lc 13, 10-13).
b) Jesús tiene credibilidad y autoridad para dictar principios y marcar el camino a sus seguidores: los que quieran ocupar puestos importantes y hacer cosas por los demás (políticos, dirigentes, coordinadores, jefes, etc.) tienen que servir y vivir con sencillez, en una sociedad que discrimina y humilla a los pobres, a los que no pueden competir (Mc 10, 35-37; 42-43).
c) Frente a un mundo de desigualdades y de miseria, volcado en el ganar, gastar y gozar, Jesús nos propone el verdadero camino: compartir (Mc 8, 1-9); desacralizar las riquezas (Lc 18, 18-23); apasionarse por la justicia y la solidaridad: dar pan al que tiene hambre, trabajo al inmigrante y al parado, condiciones de vida digna al enfermo, al olvidado en la soledad de una cárcel, de una familia rota, de una sociedad individualista (Mt 25, 34-46).
d) Con su acción, Jesús también educa política y socialmente al pueblo; una educación para participar en el destino propio y de los suyos desde la Fe en Él.

3) ALGUNAS CUESTIONES PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL Y GRUPAL

a) ¿Lees con frecuencia la Palabra de Dios en clave liberadora y social o la reduces a un espiritualismo intimista?
b) ¿Has hecho alguna vez la prueba de leer a los Profetas del Antiguo Testamento (Isaías, Jeremías, Amós, Ezequiel, Oseas…) con un lenguaje actual e introduciéndoles en la sociedad actual?
c) ¿Tu seguimiento a Jesús de Nazaret implica un compromiso para implicarte en la construcción de una sociedad justa, fraterna, solidaria, pacífica…?
d) Lee detenidamente el texto del “juicio a las naciones” del capítulo 25 del evangelio de San Mateo (Mt 25, 31-46) y saca las consecuencias oportunas.


 

ENERO 2015

APROXIMACIÓN ELEMENTAL
A LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

FICHA 1ª: QUÉ NO ES Y QUÉ ES LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

INTRODUCCIÓN

Desde hace unos años, la Doctrina Social de la Iglesia ha cobrado una gran fuerza en la Iglesia. Podríamos decir que ha salido del olvido en el que estuvo durante décadas. Sin embargo, en la mayoría de los fieles cristianos se nota un desconocimiento casi total de la Doctrina Social de la Iglesia. Todavía existe la mentalidad de que la Doctrina Social de la Iglesia es para unos pocos “entendidos”. Y, lo que es más grave, todavía se piensa que la Doctrina Social de la Iglesia es algo tangencial a la fe, que no implica a la fe del creyente, que no es constitutivo de la misión evangelizadora de la Iglesia. Por eso, es necesaria una revitalización de la Doctrina Social de la Iglesia en la comunidad cristiana.

El 9 de septiembre del año 2002, el P. Robert Maloney, entonces Superior General de la Congregación de la Misión y de las Hijas de la Caridad, y Director General de la Asociación de la Medalla Milagrosa, decía algo muy importante: “Esta enseñanza social tiene una importancia especial para nuestra Familia Vicenciana, pues se centra de modo especial en los más necesitados. De hecho, es el fundamento de la eclesial ‘opción preferencial por los pobres’.

Sugiero que todos los programas de formación vicenciana del siglo XXI debieran impartir una considerable dosis de esta doctrina… Espero que, en el siglo XXI, algunos laicos vicencianos sean expertos en la Doctrina Social de la Iglesia”. Así pues, para los vicencianos, la Doctrina Social de la Iglesia no es una teoría extraña, sino el mensaje evangélico hecho vida en obras de justicia en favor de los desheredados de la tierra.

Es necesario, por tanto, que adquiramos una comprensión básica de lo que entendemos por “Doctrina Social de la Iglesia”, “Pensamiento Social Cristiano” o “Enseñanza Social de la Iglesia”. Una vez comprendida su finalidad y su contenido, el nombre es lo de menos.

1) LO QUE NO ES LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

Vamos a comenzar por tener muy claro “lo que no es la Doctrina Social de la Iglesia”. Así entenderemos mejor “lo que sí es”.

a) La Doctrina Social de la Iglesia no es una doctrina política ni una doctrina económica: la Iglesia no quiere para sí un papel de poder, sino de testimonio y servicio; le urge el anuncio del Reino de Dios. Por eso no propone “soluciones técnicas”. Éstas son competencia del Estado o de las instituciones de la sociedad civil en las cuales deben participar los católicos.
b) La Doctrina Social de la Iglesia no es una ideología o tercera vía entre el capitalismo y el socialismo. Es esencialmente “teología moral”. Su cometido es clarificar las implicaciones éticas de los distintos proyectos políticos y económicos, para que sean conformes a la altísima dignidad de la persona humana.
c) La Doctrina Social de la Iglesia no es un cuerpo de doctrina estática-inmutable, porque al proponerse iluminar e interpretar las situaciones históricas cambiantes, no puede tener la misma validez que las afirmaciones dogmáticas.

2) LO QUE ES LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

De entrada, podemos establecer la siguiente definición o explicación: “La Doctrina Social de la Iglesia es la enseñanza moral elaborada en el seno de la Iglesia como respuesta histórica a los problemas económicos y sociales producidos a partir de la revolución industrial hasta nuestros días”. Esta enseñanza se presenta en documentos de diverso rango: Encíclicas, Exhortaciones Apostólicas, Radiomensajes, Cartas Apostólicas, Pastorales… El documento más habitual es la Encíclica, es decir, “carta circular” que un Papa dirige a toda la Iglesia, o a toda la humanidad, o a un sector de ellas.

a) La Doctrina Social de Ia Iglesia hunde sus raíces en la misma Historia de la Salvación: en la Palabra de Dios, en la predicación del Reino de Jesús y en la experiencia y testimonio de las primeras comunidades cristianas.
b) La Doctrina Social de la Iglesia tiene su fundamento en la dignidad del hombre, haciendo opción preferente por el pobre. La misión de Jesús y el ejemplo de su vida han dejado claro su compromiso con la dignidad y los derechos de la persona, las necesidades de los más débiles, de los más necesitados y de las víctimas de la injusticia.
c) La Doctrina Social de la Iglesia tiene un carácter dinámico e histórico. Esta exigencia del Reino y del seguimiento de Jesús se convierte en experiencia acumulada a lo largo de la historia, y muestra los diversos modos que tiene la comunidad para ir descubriendo cómo unir la fe y el compromiso social.
d) La Doctrina Social de la Iglesia es parte esencial y constitutiva de la evangelización. El mensaje social de la Iglesia sólo se hará creíble por el testimonio de las obras; enseñarlo es parte esencial de la fe y de la misión evangelizadora de la Iglesia, como dice el Papa Juan Pablo II en el número 41 de su encíclica “Sollicitudo rei socialis”.
e) La Doctrina Social de la Iglesia es especialmente (no sólo) para los católicos. La Iglesia cumple con su misión al ayudar a iluminar los problemas sociales, económicos, políticos y culturales de cada época en orden a transformarlos. Ayuda especialmente a los católicos y a todos los que, no siendo católicos, se identifican con sus enseñanzas sociales.
f) La Doctrina Social de la Iglesia es más que una teoría, se orienta a la acción. Lo subraya el Papa Juan Pablo II en el número 57 de su encíclica “Centesimus annus”: “Para la Iglesia, el mensaje social del Evangelio no debe considerarse como una teoría, sino, por encima de todo, un fundamento y un estímulo para la acción”.

3) ALGUNAS CUESTIONES PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL Y GRUPAL

a) ¿Te interesa la Doctrina Social de la Iglesia para vivir con hondura tu fe?
b) ¿Puede uno ser cristiano/a sin vivir, aunque sea imperfectamente, la Doctrina Social de la Iglesia?
c) ¿Te implica en tu compromiso cristiano o crees que es algo propio de los especialistas en el tema?
d) ¿Crees que la Doctrina Social de la Iglesia tiene actualidad hoy en sus temas y contenidos o está desfasada y ya no responde a los problemas de esta sociedad?

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